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Linares vuelve a la tienda de barrio

Forman parte de nuestras vidas. Siempre podemos echar mano de ellas para sacarnos de un apuro. Se trata de las tiendas de barrio, las que tenemos a la vuelta de la esquina, a solo unos pasos de nuestras casas. Su papel en la crisis del coronavirus ha cobrado más importancia si cabe.

Una vez pasado el ecuador de la cuarentena y cuando quedan atrás las largas colas para comprar en los supermercados, los pequeños establecimientos se han convertido en cierto modo en el motor comercial de Linares.

Antonio Palomares Plaza se levanta al alba para que no falte producto alguno en la frutería que regenta en la calle Julio Burell, frente a la Plaza Colón. Allí atiende cada mañana a un nutrido grupo de clientes que depositaron su confianza en él antes de que entrara en escena el Covid-19. Es por ellos por lo que Frutas Colón continúa al pie del cañón, ya que, según su dueño, desde que comenzó la pandemia las ventas han caído un 60 por ciento.

Al principio, dudó incluso en seguir abierto porque la gente “no respetaba nada”. Sin embargo, a base de esfuerzo ha conseguido que los clientes asuman las normas restrictivas impuestas en el estado de alarma, como que no puede haber más de cuatro personas en el interior de la tienda o mantener una distancia de seguridad.

Antonio Palomares tiene dos empleadas a su cargo que mantendrán sus puestos de trabajo pase lo que pase al final de la cuarentena, aunque reconoce que sin ayudas será difícil tirar para adelante. “Los autónomos y pequeños empresarios seremos los grandes damnificados de esta crisis. La verdad es que no ya espero nada de los políticos, y mucho menos de los locales”; afirma.

El propietario de Frutas Colón reivindica el papel de los negocios de barrio y su importancia en estos momentos tan duros. “Ahora mucho ciudadanos se están dando cuenta, lo que esperamos es que siga así una vez acabe todo”, reclama.

Justo enfrente se ubica Grétel, uno de los establecimientos más emblemáticos de la calle Julio Burell. Una tienda en la que, además de frutos secos y golosinas, se dispensan productos de alimentación, material escolar, periódicos, complementos y recuerdos, entre otros artículos. Domingo es su gerente. Cada mañana levanta las persianas de su negocio para que a los vecinos de la zona que están confinados no les falte de nada.

Admite que no es fácil trabajar en estas condiciones, que pasa miedo porque su mujer sufre de asma y teme por ella. “Mentiría si digo que no paso miedo. Por eso, decidí solo abrir por las mañanas, para reducir el riesgo de contagio y colaborar para que la gente no salga de su casa. Es mi granito de arena a esta crisis”, señala a este periódico.

Domingo tenía hasta hoy tres empleadas, pero a una de ellas se le ha acabado el contrato y ha decidido no renovárselo. Confía en mantener el empleo, si bien asegura que en estos tiempos de incertidumbre no se atreve a pronosticar nada, máxime cuando el 60 por ciento de sus ingresos dependen de la Semana Santa. “Es el periodo en el que más vendo y este año será muy complicado acabar el año”, lamenta.

Al igual que su compañero de calle, cree que de nuevo los autónomos y los pequeños negocios serán los que paguen los platos rotos de esta situación. Por tal motivo, pide a las autoridades que sean sensibles con ellos para evitar que muchos se vean obligados a bajar las persianas definitivamente.

Los establecimientos de proximidad que permanecen abiertos por ser de primera necesidad (fruterías, panaderías, pescaderías, etc.) se han convertido durante el confinamiento en la mejor alternativa para quienes quieren evitar largas colas y contactos innecesarios. Además, han surgido iniciativas para crear redes con el fin de que los vecinos no tengan que desplazarse hasta las grandes superficies y fomentar las compras bajo pedido.

La idea es difundir a través de un directorio los medios de contacto (Whatsapp, teléfono, redes sociales…) de los comercios que quieran adherirse a la iniciativa para que los vecinos hagan sus encargos y se cierren fechas y horas de recogida, entre otras cosas.

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